FICCI 65, entre la cotidianidad de Cartagena y la resistencia del cine
- Galería De Arte
- 1 may
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El Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI 65), celebrado en este 2026, fue un campo de batalla cultural. En una edición marcada por el regreso de la competencia oficial, el balance es una mezcla de éxtasis artístico y fatiga logística, una experiencia que dejó joyas inolvidables pero también heridas abiertas en la organización.
La curaduría de esta edición, bajo el mando de un comité que buscó radicalidad, fue quizás la más ambiciosa de la última década. Se priorizaron películas que no solo cuentan historias, sino que desafían la forma misma de ver cine. El triunfo de Deimer Quintero con "El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar" es el manifiesto de esta visión: una obra que funde el documental con la ficción para hablar del despojo desde la sostenibilidad y la belleza.
Sin embargo, esta profundidad intelectual tuvo un costo. Para muchos, la curaduría se sintió por momentos "afectada", con una selección que parecía mirar más hacia los estándares de otros festivales que hacia la realidad del público cartagenero. Hubo una tensión palpable entre un cine "de nicho", muy aplaudido por la crítica internacional (como lo nuevo de Lucrecia Martel y Nicolás Pereda), y un público que buscaba historias más conectadas con el pulso vital de la región como las proyecciones afro e indígenas. La curaduría fue excelente en su calidad, pero peligrosa en su distanciamiento.
Si el festival tuvo un corazón vibrante, ese fue Casa Brasil. Este espacio no fue solo un pabellón de invitados; se convirtió en el epicentro de la resistencia cultural latinoamericana. En medio del calor sofocante, Casa Brasil ofreció una programación que borró las fronteras entre el portugués y el español.

Fue allí donde se dieron las discusiones más profundas sobre el futuro de las coproducciones regionales. Mientras que en otras sedes el ambiente era estrictamente profesional, Casa Brasil conservó esa mística de la "tertulia": directores de óperas primas conversando con maestros consagrados bajo el amparo de una cinematografía brasileña que, este año, demostró ser el aliado más fuerte del cine colombiano. Fue un triunfo de la diplomacia cultural y un refugio necesario frente al caos del Centro Histórico.
Como contrapeso a la competencia, la retrospectiva actuó como un ancla de silencio necesaria. Fue el espacio para entender de dónde venimos, revisitando obras restauradas y rindiendo homenaje a figuras como Lucrecia Martel, es una directora, guionista y productora argentina, nacida en Salta (1966), y es ampliamente considerada una de las cineastas más importantes y originales del cine contemporáneo mundial. Es la figura central del llamado Nuevo Cine Argentino.

El apartado de Ópera Prima fue, sin duda, la sección con más vigor. Simón Vélez y su película Piedras preciosas (ganadora del Gran Premio del Jurado) demostraron que el cine colombiano está mutando hacia una estética pop, elegante y técnica que no le teme a la experimentación. Vélez capturó la ambición y la identidad con una sofisticación visual que dejó claro que el "nuevo cine" ya no es una promesa, sino una realidad.
Es imposible hablar del FICCI 65 sin mencionar el "vía crucis" de su programación. Con más de 250 proyecciones, la grilla fue una hidra de mil cabezas que devoró el tiempo de los asistentes. Correr del Teatro Adolfo Mejía al CC Bocagrande o a las sedes de Cine en los Barrios se convirtió en una carrera de obstáculos imposible de ganar.
Había una sensación de "ansiedad constante" por no poder llegar a tiempo a las funciones o por tener que elegir entre una charla magistral sobre IA y el estreno de una joya iberoamericana. El festival ha crecido tanto que su infraestructura logística parece estar al borde del colapso; la sensación de estar "corriendo de un lado a otro" impidió que muchas obras se disfrutaran con el silencio y la pausa que merecían.
El FICCI 65 fue glorioso en sus resultados artísticos: descubrió talentos, premió la valentía y consolidó alianzas internacionales en Casa Brasil. Pero también dejó una advertencia: no se puede seguir ignorando que el festival necesita una programación que no se desborde. El triunfo de la Ópera Prima y la competencia son la prueba de que el talento sobra; ahora falta una gestión que permita que ese talento no se pierda en el ruido y el desorden de una grilla que asfixia al espectador.





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