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Maná, donde el arte y la moda se transforman en calzado.


El lanzamiento de Maná fue un evento de moda; donde tomaron se tomaron la cultural del Distrito de Artistas de Medellín. La marca colombiana de calzado decidió que su carta de presentación no sería una pasarela estéril, sino un recorrido visceral por las arterias de Barrio Colombia (ba.co). Este sector, donde las bodegas industriales han mutado en refugios de resistencia creativa, sirvió de escenario para entender que el calzado, al igual que un cuadro, es una declaración de principios. Caminar por este circuito es enfrentarse a la catarsis pura de artistas que no decoran paredes, sino que diseccionan realidades sociales, políticas y económicas a través de técnicas que van desde la escultura cruda hasta la pintura de gran formato.


La ruta por el distrito nos sumergió en la intimidad de espacios como La Hoja Taller y el estudio de Alejandro Gutiérrez, donde el olor a pintura fresca se mezcla con el ruido del barrio. Pasamos por los universos compartidos de Ana Bel Zabala plasmando una realidad desde una perspectiva que refugia la realidad urbana, Nadir Figueroa con una exposición desde la contemplación y Lina Velásquez, con una descomposición fotográfica creando una sensación de nostalgia… Fuimos testigos del pulso creativo en La Factoría y Atelier.4. En este ecosistema, donde nombres como Alejandro Tobón, Jeison Sierra y Danilo Cuadros dictan las reglas visuales, el arte se siente honesto y necesario. Espacios como Bunker Galería, Taller Estrato 3 y Lab 1401 demuestran que en Medellín la estética está profundamente ligada al territorio, una filosofía que Maná ha sabido adoptar para darle alma a su primera colección.


El clímax de esta inmersión tuvo lugar en El Coleccionista Galería, un espacio que logró darle vida al diseño independiente con un estilo de vida consciente y sofisticado. La curaduría de la noche fue impecable: desde la frescura botánica de Juniper y la propuesta de bienestar sexual de Sen Íntimo, hasta la comodidad disruptiva de las pezoneras de Libre y la precisión gastronómica japonesa de Kakigori. Todo estaba diseñado para que nosotros, los asistente no fuera un simple espectador, sino parte de una comunidad que valora el detalle y la autenticidad por encima de la tendencia pasajera.

Sin embargo, el verdadero manifiesto de la noche llegó con los tenis de Maná. A diferencia de otras marcas que imponen una estética cerrada, Maná entregó un lienzo en blanco: sus tenis blancos de silueta minimalista y manufactura colombiana impecable. El reto fue personalizarlos en vivo, rompiendo la barrera entre el producto y el usuario. En mi caso, el diseño se transformó con trazos de colibríes y la simbología mística de Harry Potter, convirtiendo un objeto de consumo en una pieza de arte portátil. Maná llega al mercado no solo para calzar a una generación, sino para proponer que cada paso sea una extensión de nuestra propia narrativa personal, tan profunda y real como las obras que cuelgan en las galerías del centro de la ciudad

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