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Crónica de una noche de máscaras.



Si alguien te dice que la noche de Boris Brejcha en Medellín no sintió un sismo de baja intensidad cerca de la zona norte, o no estuvo en el estadio o estaba en la fiesta equivocada. No fue un terremoto, fue el Reflections Tour aterrizando en Medellín.


Aquí les cuento cómo sobrevivimos al High-Tech Minimal de Boris Brejcha y por qué la previa nos dejó con un sabor agridulce, pero el cierre nos voló los sentidos.


La noche comenzó, Moritz Hofbauer entró con su Live Set. Ver a este tipo manipular sintetizadores en vivo es un placer visual y auditivo. Logró meterle esa textura orgánica y melódica que empezó a sacudirnos. Ahí el Cincuentenario empezó a entender que la noche iba en serio.


La noche siguió con el dúo Frieder & Jakob. A ver, técnicamente son impecables en la mezcla, pero voy a ser honesta: no fueron los mejores teloneros para lo que venía.

El problema no fue el sonido, sino la lectura de la pista. Se sentía como si estuvieran tocando en un club pequeño a las 3:00 AM y no en un estadio abriendo para Boris. Les faltó esa curva ascendente de energía; se quedaron en un loop un tanto plano que, en lugar de dejarnos arriba para recibir al dj de la mascara, nos tenía a varios mirando el celular esperando que el pato de Fckng Serious apareciera de una vez.


Y entonces, se apagaron las luces y empezó la cuenta regresiva. El rugido de la gente tapó cualquier sonido ambiente y apareció la máscara.

Desde el primer kick, Boris Brejcha demostró por qué juega en otra liga. Lo de Boris no es solo poner pistas; es una clase magistral de ingeniería de sonido aplicada al baile.


El diseño de sus bajos es tan limpio que, aunque te golpea el esternón, no satura. Esos drops larguísimos, casi agónicos, que resuelven en un bombo seco y minimalista que puso a vibrar cada centímetro del estadio.


Cuando sonaron los tracks de su nuevo álbum del tour, la atmósfera cambió. El estadio no solo bailaba, vibraba en una frecuencia colectiva. Ver personas con máscaras de bufón bajo las luces estroboscópicas fue, sencillamente, cinematográfico.


A pesar de un inicio que se sintió un poco "lento" por parte de los abridores, el balance final es positivo. Boris tiene esa capacidad técnica de convertir un estadio en un espacio íntimo y, al segundo siguiente, en una caldera de energía pura.

Medellín confirmó una vez más que es la capital del techno en la región y que, cuando el Joker se pone los audífonos, no hay quien se quede sentado.

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