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Ritvales, una conexión musical nacida entre montañas.


Lo que sucedió este fin de semana en Medellín no fue simplemente un festival; fue la consolidación de más de 5 años. Ritvales, el gigante nacido entre montañas, redefinió por completo la experiencia de un evento de electronica masivo más grande a cielo abierto en Colombia.


Con una asistencia de más de 50,000 personas (25,000 por día) y una notable presencia internacional de más del 17% (principalmente de Estados Unidos y México), BreakfastLive no solo celebró su historia, sino que dio un golpe de autoridad, demostrando por qué Medellín es una capital global de la música electrónica.


Esta edición fue un giro de 360 grados. Y antes de que la música comenzara, una invitación me llegó: en un recorrido exclusivo para invitados, el mismísimo equipo de Tomorrowland confirmó la llegada de su aclamado escenario CORE a Medellín en 2026. Un prólogo de lujo que eleva las expectativas a un nivel estratosférico.


Más de 60 actos en vivo de artistas nacionales e internacionales hicieron vibrar las montañas de Medellín en dos días sin precedentes


Este año, la escenografía no fue un acompañamiento; fue protagonista. Los cinco escenarios fueron reinventados desde cero, cada uno con una identidad sónica y visual inquebrantable.


Escenario Metro, la joya de la corona a nivel conceptual. Fue una renovación total que evocaba los suburbios industriales de los 90, cuna del techno underground. Su diseño crudo y la estética de "música escondida" fue un triunfo. El golpe maestro: al terminar el servicio de transporte de la ciudad, un tren del Metro de Medellín quedaba pausado detrás del escenario, integrándose al paisaje como la pieza de performance art más impactante del festival.


Escenario Vortex, el epicentro del melodic. El primer día, su diseño fue una declaración de intenciones: la cabina del DJ era el logo icónico de Adriatique partido a la mitad, creando una simetría visual hipnótica que fusionaba al artista con la arquitectura.


Escenario Raíz, la gran sorpresa. Transformar la antigua zona de comidas en uno de los escenarios con mayor conexión fue una jugada brillante. Se sintió íntimo, terrenal y vibrante; pues estar entre los arboles hacia más inmersivo cada set de los diferentes Dj`s que se presentaron en este stage.


Escenarios Plaza, complementaron la oferta con espacios dedicados a sonidos más grooveros, psicodélicos y experimentales, asegurando un espectro musical completo.


No se puede hablar de Ritvales 2025 sin mencionar a los asistentes. Los outfits dejaron de ser accesorios para convertirse en parte de la experiencia. Se vio una clara evolución hacia una moda rave más curada: el negro como base, pero intervenido con piezas utilitarias, arneses, transparencias, looks de inspiración industrial que dialogaban con el Escenario Metro, y destellos de cyber-punk y boho-chic en los escenarios más melódicos.


En el escenario Metro, la atmósfera industrial comenzó en mi recorrido por Innexen, preparando el terreno para la reina indiscutible de la noche: Sara Landry. Lo de Landry no fue un set, fue una cátedra de poder. Armada con un techno implacable, de BPMs elevados y una energía arrolladora, se coronó como una de las más esperadas y entregó un cierre de jornada que dejó la vara en lo más alto.


KI/KI era la encargada de entregarle la pista a Sara. Ella es una máquina del tiempo sónica con destino a la euforia. KI/KI tiene un estilo de mezcla crudo y enérgico. Es famosa por su selección de pistas, desenterrando joyas olvidadas de los 90 y mezclándolas con producciones modernas de acid-techno. Sus sets construyen una narrativa de euforia, llevándote por picos de éxtasis melódico antes de devolverte a una base rítmica contundente.



Mientras tanto, el escenario Vortex vivía su propia narrativa. El talento local de Khoma demostró su trayectoria, pero la noche pertenecía a Adriatique. El dúo suizo ofreció un cierre inesperado e impecable. Su set fue un viaje de melodic techno cinematográfico, construido con una paciencia maestra y acompañado de visuales extraordinarios que jugaban con su logo-escenario. Fue un show que quedó marcado en la retina de miles. Adriatique no fue una fiesta de techno convencional; son maestros de la tensión, la narrativa y la emoción profunda. Su sonido se define por la dualidad: es melancólico pero esperanzador, oscuro pero cálido, minimalista pero increíblemente complejo. Fue el clímax auditivo y visual perfecto para el primer día, un viaje hipnótico que probó por qué son considerados la realeza del techno melódico.


Layla Benitez inyectó al escenario de Vortex una energía seductora y centrada en el bajo. Fue la dosis perfecta de Indie Dance y house melódico que preparó el escenario para el viaje más profundo que vendría con Adriatique, demostrando la versatilidad del sonido "melódico" en Ritvales.


La exploración continuó en la Plaza, donde Manolo dio paso a la primera visita de Polo & Pan a Medellín, introduciendo sus texturas psicodélicas. Sebastien Leger & Roy Rosenfeld también estuvieron en este escenario y tuve la oportunidad de escucharlos un momento y vaya sorpresa...Crearon una base rítmica de Organic House con bombos suaves y percusiones complejas que es imposible dejar de bailar. Se puede sentir cómo "dialogan" musicalmente. Léger aporta sus melodías etéreas y arpegios brillantes, mientras Rosenfeld responde con líneas de bajo más profundas y grooves hipnóticos.



En Raíz, la conexión fue total con Giorgia Angiuli; una "one-woman orchestra". Su acto en vivo es un fascinante híbrido con un set y un performance de laboratorio sonoro. Su música se mueve con elegancia entre el Melodic Techno, el Deep House y el Tech House, pero todo está filtrado a través de su dualidad de melancolía y juego. Con su voz y diferentes instrumentos y juguetes envolvió en el bosque a cada uno de los asistentes.


En el segundo día Damian Lazarus y Dubfire dieron la talla, con sets que oscilaron entre el tech house hipnótico, el minimal oscuro y el techno percusivo, manteniendo la pista en un punto de ebullición perfecto. Bad boombox tenía una misión: entregar la pista encendida a los dos djs más esperados. Y así fue. La llegada de Enrico Sangiuliano y Charlotte de Witte, por primera vez juntos en nuestra ciudad, fue un momento histórico. Y aunque hubo un punto donde no conectaba con el set de Enrico; la potencia rítmica entrelazada con la oscuridad ácida y magnética al entregarle a Charlotte.



Charlotte de Whitte, una de las reinas del techno oscuro y contundente. Su sonido es monolítico. Se basa en un kick (bombo) potente, constante y retumbante que hipnotiza. Sobre esa base, teje elementos clave: es una maestra usando líneas de bajo ácidas que se retuercen y evolucionan. Utiliza samples vocales que son cortos, atmosféricos y se repiten como un mantra. En set de Charlotte fue un viaje de inmersión total. Te agarra con un groove y no te suelta. Es un sonido de túnel, oscuro y diseñado para perderse en él.


Paralelamente, el escenario Vortex se rindió ante el sello Drumcode. Adam Beyer tomó el control para cerrar Ritvales con la autoridad que lo caracteriza. Fue un takeover en toda regla: techno puro, contundente, sin concesiones. El sueco, uno de los más esperados de todo el festival, entregó un set final que funcionó como el ritual de cierre perfecto para un escenario que había vibrado durante 48 horas.



Esta edición fue un triunfo logístico. Los escenarios más amplios, las zonas de descanso bien distribuidas y una organización que se sintió fluida, demostraron el aprendizaje de una década.


Pero el PRO más significativo fue una solución a un problema histórico de los eventos masivos: el acceso a transporte público (taxis) dentro del mismo festival. Esta implementación, que garantizaba una salida segura y ordenada para los asistentes, es un cambio que habla del nivel de producción y cuidado al detalle.


BreakfastLive ha rectificado que Ritvales es, sin duda, el festival a cielo abierto más grande y relevante del país y un contendiente de peso en Latinoamérica. La pregunta que todos nos llevamos a casa ya no es si Ritvales es un festival de talla mundial, sino: si esto fue el 2025, ¿qué dimensión alcanzará en el 2026?

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