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Chevignon y Ruvén Afanador retrataron la memoria en The Object of My Affection


Hablar sobre Ruvén Afanador es hablar sobre Colombia y sobre un rol creativo que lleva las raíces, la luz y la geografía del país en sus formas de trabajar. Nacido en Bucaramanga —la «Ciudad de los Parques», una meseta elevada sobre el Río de Oro y rodeada de majestuosas montañas—, Afanador construyó un universo visual profundamente influenciado por el encanto de su tierra natal. Tras estudiar arte en el exterior, iniciar su carrera en Milán y consolidar su firma desde Nueva York, se convirtió en uno de los fotógrafos latinoamericanos más influyentes de las últimas cuatro décadas. Por su lente han pasado personalidades e iconos mundiales en publicaciones de la talla de Vogue, Vanity Fair, Rolling Stone, The New Yorker, The Hollywood Reporter y The New York Times. Sin embargo, su obra nunca ha dependido de los nombres que retrata, sino de una capacidad extraordinaria para revelar lo oculto, transformar la percepción del cuerpo, la luz y la emoción, e indagar en la belleza a través de libros y exposiciones fundamentales como Torero, Sombra, Ángel Gitano, Mil Besos, Hijas del Agua y AFANADOR, un proyecto escénico creado junto al Ballet Nacional de España.


La experiencia no dio inicio sobre la pasarela, sino en una transformación conceptual del recinto que funcionó como preámbulo artístico. Antes de abrir paso al desfile, el espacio se convirtió en una sobria galería de arte donde se exhibió el resultado final de las fotografías tomadas por Ruvén Afanador a cada una de las personalidades participantes. Desarrollada durante seis intensas jornadas de producción en Casa Mapa Teatro en Bogotá, esta propuesta fotográfica —nombrada The Object of My Affection— propuso una pausa reflexiva: detener el ritmo vertiginoso del mundo contemporáneo y devolverle el valor intrínseco al acto consciente de hacer y observar una fotografía, conectando de forma fluida el lenguaje fotográfico con el lenguaje de la moda.


El casting representó uno de los retos creativos más exigentes de toda la propuesta. Lejos de buscar cánones tradicionales de belleza o responder al impacto comercial de las tendencias, se convocó a más de 300 personas con el fin de seleccionar a 48 modelos, actores, músicos, artistas y creadores de contenido colombianos capaces de proyectar una esencia atemporal. La meta no era reunir talento efímero, sino encontrar individuos cuya presencia permaneciera intacta con el paso de diez o veinte años. El grupo de elegidos incluyó a Marly Velásquez, Jesús Enrique, Camila Calle, Catalina García, Alejandro Cuadros, Juana del Río, Hugo Wext, Juan Guilera, Sebastián Osorio, Ana Paulina Maestre, Emiliana Valencia, Silvana Valencia, Felipe Lozano, Andrés Mosquera, María del Mar Botero, Tarek Halaby, Camilo Gaviria, Mónica Hernández, Santiago Arenas, Juanita Álvarez, Sofía Gómez, Viña Machado, César Matute, Laura Archbold, Héctor Aguinagalde, Pilar Villamizar, Johan Sebastián Sena, Amelia Ochoa, Elisa Ochoa, Santiago Católico, Paola Cazarán, Lucy Vives, José Restrepo, Laura Barjum, Natalia Reyes, Carolina Guerra, Vicente Jiménez Gómez, Ángela Cano, Felipe Bedoya, Camila Morales Bermúdez, Adriano, Nick Estepa, Alejandro Cardona, Anamaría Galán de Brigard, Sofía Vera, Edgomez, Llane y Hansel Castro.


Bajo la premisa de The Object of My Affection, la colaboración exploró aquello que permanece suspendido entre el deseo y la memoria, rescatando objetos que conservan una verdad profunda. Chevignon, marca fundada en París en 1979 y convertida en referente global del denim y el cuero durante los años noventa, tradujo esta visión en la colección 90's Revival. Lejos de ser un simple ejercicio de nostalgia, la colección propuso un diálogo abierto entre el pasado y el presente a través de 49 salidas a pasarela. La paleta cromática se estructuró sobre una base sobria de negro azabache, grises pátina, marrones oxidados, tonos tierra y los azules desgastados del denim tradicional. En cuanto a la materia prima e insumos, se emplearon cueros pesados con acabados artesanales, denims rígidos con lavados dirty wash, gabardinas estructuradas, herrajes metálicos industriales, cierres de alta durabilidad y detalles de sastrería; además el cierre de la pasarela estuvo presentaron un chaleco con pedrerías de alto complejo de confección


El desfile desplegó una indumentaria impregnada de actitud grunge, sofisticación urbana y rebeldía. La chaqueta de cuero se estableció como la pieza central e icono heredable, presentada en siluetas biker, oversize, bomber e intervenciones de acabado envejecido. Acompañando a la cuero, se vieron jeans de tiro alto y corte recto, chaquetas de denim cropped, enterizos estructurados, camisetas gráficas oversize, camisetas en malla estampada, buzos con capucha doble prenda y delicados toques de lencería que aportaron sensualidad y contraste visual. Cada prenda fue concebida como un objeto duradero, pensado para resistir el paso del tiempo y adquirir nuevo significado al ser habitado por quienes le dan vida.

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